PALACIO PLACER *
*El titulo de este escrito fue tomado de una canción del grupo peruano de funk LA ROJA, la canción lleva el mismo nombre.
Este es un trabajo ke tuve que hacer para mi taller de creación literaria. Escuchando una canción (que ya mencioné) y saliendo de mi mente para entrar a los cuerpos de la gnte, logré escribir este pequeño cuento.
-José Guich, el profesor, me puso 17-
Cuando al fin murió, mis manos estaban aún ensangrentadas. Había demorado más de lo usual, pero esta vez no tuve tiempo para limpiarme. Los segundos habían pasado inadvertidos y sigilosos mientras yo la contemplaba, era verdaderamente bella.
Mi mirada recorría despacio sus delicadas curvas y mi piel se erizaba cuando estos dedos independientes tocaban su cuerpo aún desnudo y tibio.
Nuestra sangre se mezclaba entre su pureza y mi sucia intención. No había nada que intentara siquiera detener nuestro momento. Era el recuerdo, mis besos, sus manos aferradas fuertemente a mi espalda, mi furia, su temor, su mirada. Finalmente, era el recuerdo quien nos albergaba en esa noche iluminada por el sol iracundo, y era yo, quie, escondiéndose en el poco sueño que tenía, se acurrucaba justo debajo de sus pechos para escuchar en la memoria aquel latido agitado que, en ese instante, no dolía más que por ser ausencia.
La tomé entre mis manos y la llevé con sumo cuidado hacia la casa. Fueron horas de caminata con ella mirando al cielo, fríamente sostenida por mis débiles brazos. Caí un par de veces sobre mis rodillas y su cuerpo acompañaba mis movimientos, respetando mi cansancio.
Mis ojos no se veían iguales, no apuntaban a ninguna dirección, estaban vacíos, como si la magia que tanto tiempo los había hecho brillar, hubiera sido extirpada con fuerza y violencia. Les habían quitado la vida.
La puerta de nuestro precioso catillo se alzaba ante nosotros, eterna, prometiendo alojarnos una vez más con el mismo calor hogareño de siempre. Mi pequeño palacio, mi "palacio placer", como tantas veces la escuché llamarlo. El peso de su recientemente ultimada existencia vencía la poca firmeza de mis músculos y el edificio antes acogedor, era ahora una meta imposible, quería rendirme.
La miré a los ojos con inocente intención de preguntarle que debía hacer y era una imagen que no podía tolerar. La expresión que tenía su rostro, pendiendo inerte de su todo, fue suficiente para decidirme, tenía que seguir.
Me enterré un par de veces en mi inconsciente antes de poder convencerme a mi mismo de que debía mover los pies hacia delante, pero nada me detendría, no podía, ella estaba ahí.
Esto no era para mí una experiencia nueva, ya antes había terminado las cosas de este modo, no era mi priemr rastro de sangre, no era la primera visitante de mi casa, de la casa de mis difuntos abuelos. Pero todo parecía distinto esta vez. Una llama oscura y ardiente nacía en el fondo de mi pecho, mis piernas temblaban, mi voz se transformaba en otra, era entonces como un hombre-lobo, extasiado, prisionero de mi cuerpo. Pero era también su prisionero. A ella no había que tocarla, ni siquiera respirar muy cerca de su delicado cabello, esto era distinto, todo lo era.
No sé como me las ingeníe para abrir la puerta, pero finalmente lo hice, la empujé con mucho esfuerzo con el hombro y me introduje sigiloso como una criatura reptante y reugnante dentro de la antigua mansión de mi pasado. No importaba nada ya, ella estaba ahí, tenia que hacerlo todo por ella.
Las escaleras fueron lo mas difícil, pero ya no nos veíamos como una escultura antigua, habíamos perdido el romance. Ahora solo parecíamos un par de esposos ebrios que llegan a su casa con la luz del día. La abrazé y recosté su brillante cabeza contra mi hombro, y así subimos, con mis manos en su cintura, elevándola, dándole importancia en mi día a día.
Al llegar a nuestra habitación la eché sobre la cama con sumo cuidado, no quería fastidiarla, y luego, solo me dediqué a mirarla, mi actividad favorita. Tal vez ni ella imaginó que algún día podría ocupar ese lugar, creo que sólo intentaba salvarme, ¿pero salvarme de qué? ¿De mí?
No quería que me malinterpretara, yo ya estaba harto de ese lugar y, sí, necesitaba de su compañía, estaría eternamente agradecido, pero ahora ella era eterna. Ya no habían brachas entre nosotros, solo existía el amor.
La maté despacito, con mucha delicadeza, fue hermoso, quería capturar el momento. Ella se limitaba a posar para mi ansiedad y yo la dibujaba con mi cigarro. Fue lento, pero no la hice sufrir, fue feliz. La maté despacito y luego, hicimos el amor. Se entregó por completo, por primera vez.
Entre tanta confusión y tan poco dolor, sabía que eventualmente alguien iría a buscarnos, pero no tenía sentido el escapar. No podía sacarla de la casa y, definitivamente, no la iba a dejar sola. Fue mi salida perfecta, y no volvería a ese espacio tan lleno de locos. Cuando estaba ahí me sentía totalmente fuera de serie, no podía pensar ni imaginar, me tenían dormido pero no me dejaban soñar con ella y yo sólo quería vrla. Ahora ya estábamos juntos y nada podía separarnos, estábamos protegidos por esas paredes gruesas y frías que tantas veces escondieron mis manos corrompidas.
Me senté en una silla al costado de la cama, no recuerdo cuanto tiempo pas´allí, ella se veía perfecta, inmóvil, como de piedra, adornando la solitaria existencia de la casa. Todavía había arena en su rostro y era eso lo que me hacía imposible olvidarnos, olvidar lo maravilloso que había sido todo, ella había colaborado tanto.
Casa, hogar, hospital, sanatorio, mansión, albergue, refugio, manicomio, residencia, cárcel, amenaza. Lo entendía todo, pero no me importaba realmente. No se me crispaban los nervios al recordar donde había vivido los últimos años, así como tampoco me dolía recordar a aquellas que estuvieron antes en mi vida. A ellas no las maté despacito, a ellas les arranqué el alma en un minuto, dolió más, les mordí la carne hasta despegarla de los huesos, clavé mis manos en sus rostros, me comí su luz. Era más como un carnicero, observando los diferentes trozos de carne, cada uno era como un trofeo para mí. ¿Seguirían en el sótano? No podía evitar sonreír y soltar una carcajada.
Escuché ruidos de autos afuera de mi palacio y supuse que finalmente habían logrado quebrantar el silencio de mi madre. Sabía que no aguantaría mucho tiempo. Era mi madre. Si había alguien en el mundo que sabía donde estaba, era ella.
Los esperé sentado a su lado, con mi mano sobre la suya, amándola, para que pudieran comprender que esto no era mi rabia, esto no era mi imaginación, esto era un sentimiento verdadero, que nacía y crecía dentro mío, como cuando la respiración se entrecorta y nuestra alma se emociona.
Ellos subieron, yo estaba ahí, esperando. Me econtraron rápidamente, la casa nunca había parecido tan pequeña como en ese momento. Me dijeron un frío "vamos" y no me moví. Vinieron hasta mí, me tomaron de los brazos, me obligaron a levantarme y me llevron, mi madre nunca apareció.
Comenzé a cantar en mi cabeza una canción que no escuchaba hacía años, un tono funky y orgásmico como para levantarme el espíritu de camino a la tan alabada "justicia". ¿Qué habrían hecho con ella? ¿Cuándo me la devolverían?
Los miraba desde detrás de mis ojos y de pronto mi mente volaba, me llevaba a otro lugar, donde todo era perfecto y ellos no existían. Donde había luz y ganas de saltar, correr, gritar. Un golpe me trajo de vuelta a la realidad, cuando abrí los ojos, tenía las manos en el cuello de uno de ellos y el otro me golpeaba incesantemente. "Basta" le dije al segundo, y solté al primer idiota con asco. Lo único que atinaron a hacer fue aumentar la velocidad y amarrarme las manos con lo primero que encontraron.
¿Por qué había ido ella a buscarme? No sé como logró descifrar que si escapaba de mi encierro mentarl iría sin vacilar al palacio placer. No sé cuanto tiempo habríamos pasado allí en nuestra temprana juventud como para que lo recordase con tamaña exactitud. Llegó con seguridad, golpeó a la puerta confiada de mi bondad. Ya no estoy tan seguro de que quería que la matase.
Llegamos a un sitio horrible, me bajaron del auto y comenzamos a caminar, me tiraron con fuerza dentro de un cuarto metálico y frío y ahí permanecí, no se cuanto, ni se por qué.
Me acurruqué en el piso y me quedé mirando los horribles bichos que hacían un hogar entre los barrotes, quería ser uno de ellos.
Los hombres me hblaban, les respondía vagamente, pero sí nos comunicábamos. Querían asegurarse de que yo estuviera vivo, que amables.
Un día llegó mi madre, llegó con un hombre que comenzó a hablarme y darme consejos, a decirme que jamás diga lo que sentí cuando estuve con ella por última vez, a decirme que a veces es mejor permanecer en silencio. Yo lo miraba incrédulo. ¡Me estaba pidiendo que renuncie a mis recuerdos! No, no lo haría. Me encantaba enterrarme en la idea de lo que hice con ella y tenía que gritarlo, tenía que compartir con el mundo tanta belleza. Mi madre no dijo nada en toda la visita, solo me miraba asustada. Intenté tomar sus manos pero las retiró sin intención de ser directa y yo me rendí.
Un terno, otro, visitar, el hombre loco de los consejos absurdos, la gente del otro lado de los barrotes, una foto de ella en mi bolsillo, declaraciones, juramentos, parientes, jueces, policías, testigos, jurado, abogados; sí, yo me daba cuenta de todo, pero prefería usar mi mente para pensar en otra cosa. Cuando cerraba los ojos podía viajar con ella, visitábamos los sitios que quisiéramos. A veces jugábamos a ser vampiros, íbamos por ahí tomando sangre de los habitantes de pequeños pueblos; otras veces éramos simplemente niños, y entonces nos tocábamos por primera vez; otras veces, yo era sólo un psicópata asesino y ella una amiga de mi infancia que me buscaba en lo que había sido el burdel de mi abuelo e intentaba hacerme entrar en razón.
Ahora pretenden que declare insanidad para que me dejen libre (¿Qué es la libertad al fin y al cabo?), pero no estoy loco, como me dijo alguna vez un hada en un tiempo oscuro, solo tengo una imaginación peligrosa.
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Comentarios
Re: PALACIO PLACER *
Jomra | 18/09/2006, 16:44
Gracias
Alejandraxi | 19/09/2006, 17:27
Nada, solo eso.
Re: PALACIO PLACER *
tu otro yo | 08/11/2006, 19:32
no te entiendo ni un poco... por eso nos amamos no?


Salud Sipas (y visitantes chismosos que han decidido leer este comentario tan burdo tras deleitarse con el cuento que está justo arriba).
"como me dijo alguna vez un hada en un tiempo oscuro, solo tengo una imaginación peligrosa" genial frase para acabar una muy buena historia, aunque casi se me cae el protagonista cuando osa cuestionarse sobre las intenciones de la amiga. ¡¡Por supuesto que estaba ahí para amarle de la única forma que resulta realmente auténtica!!
En fin, gran historia.
Hasta Luego ;)